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Ausencia, por primera vez

Esta es la primera noche que ella no pasa en casa. El penúltimo cuarto del pasillo a mano izquierda esta noche está desierto. Sólo alguno de sus complementos sobre el edredón azul a cuadros y en el ambiente el aroma que despide cuando está a punto para salir.
Esta noche no me hago a la idea, ella no está en casa. Está en lugar seguro, no sé si más agradable para ella, por aquello de la compañía y esas cosas. Está relativamente cerca y emocionalmente lejos.
Se nota su hueco, se echa de menos su fino velo de polvo caminero. Esta noche es la primera que pasa fuera de casa. Se quedó junto a otras amigas, algunas sin estrenar aún, otras con más mili que el Capitán Tan. Se quedó para mejorar.
En el taller la mejorarán.
Cuando vuelva el viernes, no estará más bonita porque estarlo no se puede, pero seguramente tendrá más abiertas las alas, con más dientes en sus piños y subieremos las cuestas con más facilidad. Subiremos más cuestas, todas las cuestas... aunque a veces las hay que cuesta... como la vida misma.
Le hice caso a Pollo11, lo consulté con Floren, lo ratificaron las manos que se encargarían de darle más vida (larga vida le deseo). Mi bicicleta, cuando vuelva el viernes tendrá 27 marchas, un par de piñones con más dientes, unas manetas doore más dulces de usar, el manillar algo más bajo... y lo que algo sí me duele, la rueda trasera nueva... será al final diferente de la delantera... creo que eso no me gusta... como aquel día que me fuí a tomar café con un zapato de cada color...
El viernes está cerca... pero a mi me parece tan lejos... ya tengo ganas de recogerla...