Tomelloso - Campo de Criptana
Viernes, 19 de octubre de 2012. 50 km. tal vez? 60? a saber...
Esta noche también he descansado bien, la habitación en el Hostal Imperio de Tomelloso era realmente sencilla, pero tranquila. Tardé en dormirme es cierto, pero en cuanto me puse a ello cundió, tanto que no tuve mucha pereza de responder al despertador con diligencia.
Llovía ya en Tomelloso a las siete treinta de la mañana, no es que diluviara, pero sí lo suficiente para que el último día de la etapa no fuera del todo lucido... al final, debo reconocer que rodar bajo la lluvia tampoco es ni tan malo ni ninguna barbaridad, hacerlo, en cambio con dolor de rodillas si lo es, malísimo y una insensatez.
Me visto pronto y recojo las cosas y salgo a desayunar. Estreno bajo lluvia de verdad la chaqueta goretex que me compré en Madrid aprovechando la fiesta final de La Espiral. Café con leche y croissant de ayer a la plancha. Acabo, fumo un poquito en el portal de la cafetería, justo en la esquina del hostal. Hay bastante tráfico por la avenida a esas horas, voy dudando se salir o matar el tiempo. Pasa una chica subida en su bici, parece que no se ha enterado de que está lloviendo, o por lo menos parece que no le importa en absoluto, ni chubasquero ni poncho ni pantalón de lluvia ni na... y mucho menos casco. Si a ella no le importa, cómo me va a importar a mi después de unos cuantos kilómetros rodados por tierras manchegas esta semana.
Vuelvo al hostal, preparo la bici, me llama abrego, se interesa por mi estado, por mi ruta, por mis rodillas. En ese momento todavía no he empezado a rodar, y aparentemente no me molestan las rodillas. Caso de no llover mucho después igual abrego sale a rodar un rato conmigo. Mi dirección de momento es Pedro Muñoz, quedamos en llamarnos o encontrarnos si eso por allí.
Salgo de Tomelloso. Es una ciudad grande de largas distancias pero no me cuesta nada encontrar la salida. La lluvia que es apenas una llovizna ya no me molesta en absoluto, las rodillas, aparentemente tampoco. Nada más salir de la ciudad por por la CM-3103 paso por el Santuario de Nuestra Señora de las Viñas, Patrona de Tomelloso. Me llama la atención una curiosa decoración que hay en él a lo largo del camino del Santuario. Decoración que inicialmente se me antoja bastante fea, pero a la vez original y pertinente, pues se trata de dos hileras, una a cada parte del camino de las típicas tinajas cilíndricas (no se qué nombre recibirán de verdad) que tanto abundan por esta zona manchega para almacenar agua. Están pintadas de blanco y en cada una de ellas está pintada la publicidad de una firma comercial.
llego hasta la puerta del Santuario una ermita no muy grande, las puertas están cerradas aunque por los cristales se puede ver un poco el altar. En ese momento, arrecia un poco más la lluvia y me refugio en el alero de lo que debe ser un bar de verano o fin de semana. No hay nadie en la zona a excepción de unos operarios que están (intuyo) refugiados de la lluvia también, en un edificio de la parte de enfrente. Enciendo la pipa pero pronto me pongo nervioso por estar allí perdiendo el tiempo, siendo así que lo de la lluvia igual va para largo. Retomo enseguida el camino.
La carretera debo reconocer que es deliciosa. Está tranquila, el pavimento y el arcén me permiten circular con tranquilidad, los pocos coches y camiones que pasan lo hacen con bastante velocidad pero todos ellos toman la precaución de dejar entre ellos y yo una buena distancia de seguridad. Me gusta como huele la tierra, como se intensifican los contrastes de colores con la humedad de la tierra. Hay pocos por no decir ningún sitio a uno y otro lado de la carretera que permita refugio en caso de jarrear, pero tampoco me importa mucho, eso es una constante desde que emprendí este viaje, apenas hay construcciones en los lindes de las carreteras, es posible que la razón esté en que la mayoría son carreteras bastante nuevas.
Diviso a lo lejos la silueta de un gran árbol justo al borde de la carretera, cuando ya lo tengo cerca compruebo que es también una gran encina, tal vez no sea tan grande como aquella de cuando le envié el wasapp a Jofe, pero bien hermosa y solitaria si que es. Me paro cerca, le hago una foto, unas caladas a la pipa y sigo. La carretera, recta pero muy recta como casi todas estas, me lleva a Pedro Muñoz, ciudad a la que quiero llegar más por no se qué, que el valor dentro de la ruta del Quijote pudiera tener. No es una ciudad que me llame la atención pero sí que me servirá para tomar algo y permitirme un descansito que ya me está haciendo falta, especialmente por las rodillas (la derecha sobre todo) que me está escociendo ya bastante.
Busco el centro y en la plaza donde esta el Ayuntamiento también veo un bar que tiene buena pinta. Está contiguo al Centro Cívico. Por tres euros me tomo una señora cerveza, dos tapas y un cortado con leche natural. No turisteo mucho por la ciudad, apenas foto en la plaza y sigo tras tomar la decisión del día. No ir hasta el Toboso.
Me había hecho ciertas ilusiones de acercarme hasta El Toboso, más por rendir homenaje a mi Dulcinea que por otra cosa. Francamente lamento no haberme acercado, pero el escozor y la molestia en aumento de las rodillas me disuadieron del asunto, hubiera sido una temeridad hacerlo. Así que nada más salir de Pedro Muñoz enfilo la Nacional, la N-420. Esta si tiene más tráfico, llueve y es como las demás, recta para aburrir. En estas me llama el compañero abrego, el no saldrá a rodar conmigo en bici (no le culpo, menudo día), pero si me propone que me quede esa noche en su casa y podremos visitar por la tarde los molinos de viento y su entorno en Campo de Criptana. El día de lluvia, mis rodillas y mi interés por visitar la ciudad me hacen no oponerme a la propuesta de abrego que acepto de buen grado.
No parará de llover (aunque con poca intensidad ya) durante casi todo lo que queda de día y la siguiente noche y su mañana. Llego pasadas las tres de la tarde a Campo de Criptana, tierra de molinos de viento, me adentro en la ciudad, buscando naturalmente su centro para, como hago siempre que puedo tomarme un cortadito con leche natural as la vera de la Nana. Llueve, me gusta este pueblo, desde luego no es pequeño ni tampoco llano. Una vez resuelto lo del cortadito llamo al compañero que no tarda en acudir (por cierto en bici), otro cortadito, él una infusión y salimos hacia su casa montados en las bicis mientras ya por el camino me va contando cosas de la ciudad y de sus edificios.
Una vez instalado y cambiado salimos a turistear. Suerte la mía que tropecé con los anfitriones más adecuados, tanto Abrego como su señora (a la que aprovecho para agradecer su hospitalidad), tenían contactos con el personal de turismo y tuvimos una especial visita guiada por los molinos y las cuevas de Campo de Criptana. Un repasito a una exposición sobre la Batalla de las Navas de Tolosa en el bonito edificio del Pósito Municipal acompañados por Dimas (buen amigo y compañero de Abrego), visita y explicación de las armas de avancarga que Dimas colecciona y a cenar a casa, no sin antes probar unos sabrosos rollitos dulces que hizo la suegra de Abrego con motivo de su cumpleaños (el de ella claro. Muchísimas felicidades de nuevo) y una sabrosa mistela.
La noche es tranquila, de llovizna persistente pero descanso (creo que es la noche que más y mejor duermo)
Madrugamos algo pero no gran cosa, café en casa y tras despedirnos de la anfitriona, Abrego me lleva en coche hasta la estación de tren de Alcázar de San Juan. Compro el billete de vuelta, espero en el andén, donde por cierto hace bastante rasca. Pasó más de una hora de espera solo pero de repente viene un tren procedente de donde no recuerdo, desembarca montonazo de gente con maletones y el andén donde esta previsto que llegue el tren hacia Valencia y Barcelona Sants se llena. Llega con algo de retraso pero ningún problema cabemos todo y en especial cabe la Nana (mi gran preocupación).
El viaje de vuelta es rápido y tranquilo. Las nubes se ha ido disipando y ya, a la llegada a Valencia el sol reina como no podía ser de otra manera... tal vez un signo de esperanza en otro viaje...
No puedo decir que en algún momento del viaje me he sentido Don Quijote, ni siquiera Sancho, tampoco insisto en decir que haya seguido sus huellas ni la ruta literaria que propiciara Cervantes. Pero sí puedo decir que en todo momento, la memoria de mi viejo profesor Don Manuel (El Maiques) enamorado del Quijote a rabiar, estuvo presente en cada jornada, lo mismo que la gente del foro de Rodadas, a quien tanto y tan bueno debo.
Las fotos de la jornada.
En este sitio apunto las cosas que me interesan de Manises, de mis lecturas, de mis cosillas, pero en especial de mi vida desde la bicicleta
Mi ruta de Don Quijote 4ª Etapa
Villanueva de los Infantes – Tomelloso
Jueves 18 de octubre de 2012 – 80,87 kilómetros.
Al amanecer de este día, yo no daba un duro por la jornada.
Parecía que lloviznaba y en especial cuando di las dos primeras pedaladas las
rodillas ya me hicieron ver que los excesos se pagan y que el asunto este de
ahora tenía un precio alto, las rodillas se han quejado.
Pero antes, incluso antes de saber que lloviznaba, el
despertador ha sonado una y otra vez sin que yo hiciera nada óptimo para
remediarlo excepto dejarlo sonar. Anoche tampoco dormí mucho, la camita de la
casa rural Hermano Galo era una birria, que pena que no cuiden este detalle tan
importante, al menos para la gente que llega a estos sitios para descansar.
Recojo la colada que hice anoche, preparo las cosas y
abandono la casa. Me adentro en la ciudad que anoche no pude apreciar. Sin duda
vale la pena callejear por esta ciudad de Villanueva de los Infantes, rincones,
edificios, su plaza, su calle comercial entoldada, sin duda merece una visita
mucho más detallada.
Desayuno en una cafetería que hace esquina debajo de los
porches de la plaza, café con leche y un pedazo bizcocho de chocolate enorme,
total 2,20 genial. Compro algo para comer y fruta en un pequeño supermercado de
allí mismo nada más entrar en la calle entoldada y salgo.
Las rodillas me duelen horrores, cada pedalada es un
pinchazo cada vez más molesto. Definitivamente hoy no me meto por ningún
camino, desisto de seguir el trac y como no me quiero perder de ninguna manera
las Lagunas de Ruidera, decido atajar yendo por carretera por Carrizosa. Me
cuesta mucho avanzar a pesar de no haber grandes desniveles ni de que hoy no
haya hecho acto de presencia el viento.
Nada más llego a Carrizosa paso por la farmacia, compro
Voltaren y Nolotil (ale a lo bruto, pero es lo que hay). Allí mismo busco un
bar y me tomo tras el cortadito con leche natural las primeras dosis y sigo
hasta enlazar con la nacional que me llevará hasta las lagunas. Una nacional
muy nueva, estupendamente pavimentada sin nada nada de tráfico, sin gran
desnivel pero con un arcén, que pese a ser amplísimo y limpio está fatal para
rodar, las ruedas rozan mucho con las piedritas sin alquitrán. ¿Por qué
complicarán tanto las cosas los señores ingenieros?
Ruedo con una cadencia muy flojita, sin apretar pero a buen
ritmo y llego con facilidad a las lagunas y qué casualidad nada más me topo con
ellas, lo hago en el mismo bar y lugar exacto que pasé con Voro para ir a la
quedada de Jaén y que ya paramos allí a tomar el cortadito. Esta coincidencia
me ha hecho alegrarme profundamente y más aún cuando recuerdo que estuve
hablando ayer mismo con él. Qué gran tipo este Voro.
Me tomo el cortadito con leche natural en la terraza, está
nublado pero hace bueno, el agua está tranquila, sólo le dan vidilla los muchos
patos que hay en la misma orilla y unos críos que están recibiendo sus primeras
lecciones de remo.
Como no he venido por Ossa de Montiel, remonto unos
kilómetros las lagunas por la preciosa carretera, le hago algunas fotos a las
lagunas, pero estas lagunas no son de foto, son para disfrutarlas con la mera
contemplación al natural. Estando allí me llama Leonardo (del foro de Rodadas),
otro gran tipo con el que ya tengo ganas de volver a coincidir y con su sobrino
Oscar también… que buenos recuerdos de la Quedada de la Paella…
Retomo la marcha desandando estos kilómetros. Ruidera no me
atrae mucho y paso casi sin fijarme. Desde el mismo pueblo, la carretera que va
a Argamasilla de Alba empieza a subir sin gran desnivel pero persistentemente,
tengo que parar muchas veces porque las rodillas me molestan mucho y no quiero
acabar de sobrecargarlas. Me cuesta pero llego hasta el pantano de Peñarroya,
con su castillo y con su ermita de la Virgen y su ermitaño que me vende una
lata fresquísima de cerveza que regará el pan y el chorizo que me zampo para
comer en una zona de merendero que hay enfrente mismo del castillo. Reina una
paz y un silencio que da gozo, da pena irse pero ya es tarde, son casi las
cinco de la tarde.
Llego a Argamasilla de Alba, la ciudad me decepciona,
callejeo, hago una dos o tres fotos rápidas y parto hacia Tomelloso… una ciudad
grandota, tal vez demasiado grande, entro por una parte (la del track) fea fea…
busco alojamiento. Hostal Imperio en la calle Orense (20 euros) buena calidad
por ese precio. Todo muy tranquilo y como que tienen wifi, aprovecho, escribo
todo esto y lo cuelgo en mi blog.
Las fotos de la jornada.
Las fotos de la jornada.
Mi ruta de Don Quijote 3ª Etapa
Almagro – Villanueva de los Infantes, unos 87 kilómetros.
Esta mañana he remoloneado muy pero que mucho en la cama. Me
dormí a pesar del mucho confort del “Retiro del Maestre” muy tarde y claro, la
alarma del móvil a las 07:00 AM no era ni de lejos una buena consigna. Una y
otra vez le doy a la tecla de posponer hasta que a las 8:14 decido que ya está
bien, que no he venido a dormir sino a rodar y que por la hora que es la cosa
ya val de programa.
Me levanto y voy a la planta ático donde dicen que sirven el
desayuno, no hay muchos clientes en el hotel (cosa de la crisis, ser queja el
personal del establecimiento). Desayuno copiosamente en contra de lo que es
habitual en mí en cualquier mañana de diario. Preparo las cosas y salgo, son ya
más de las nueve de la mañana.
Desando parte del camino que hice ayer hasta llegar a
Bolaños de Calatrava, en el camino, apenas tres kilómetros huele a cebolla,
pero que mucho, se ve que hay varios almacenes a lo grande de este producto
hortofrutícola. Llego a Bolaños, el
track me lleva a cruzarlo de una punta a la otra, cosa que me viene bien porque
quiero pasar por el centro, ver que tal es y de paso, naturalmente seguir el
ritual diario (eso sí) de tomar mi cortadito con leche natural.
Lo hago en un bar en la esquina de la plaza donde está el
Ayuntamiento y enfrente una iglesia grandota con los muros de piedra vista y en
lo alto de la fachada un pequeño cubo de ladrillo macizo de color amarillo que
hace las veces de campanario y en el que sobre su tejado una pareja de cigüeñas
tiene su nido, grandote todo él y en el que veo uno de los dos miembros de la
pareja. Un camión de reparto me tapa la visual de la fachada de la iglesia para
hacer la foto desde mi mesa de la terraza del bar, pero no me importa mucho, se
lo disculpo totalmente porque es amigo, vaya tan amigo como que es el camión de
reparto de la cerveza Mahou y de la Coca-cola.
Sigo ruta, salgo de Bolaños, tomo la carretera que me lleva
a Manzanares la CM 4124. Se rueda cómodo por ella, está primorosamente
pavimentada, con buen arcén y relativamente poco tráfico (aunque veloz) veo un
coche de la Guardia Civil de Tráfico apostado estratégicamente para sacar
instantáneas a los conductores, me da que trabajo no les va a faltar. Hace un
sol espléndido, pero hace acto de presencia el vientecillo molestón que no me
va a abandonar en toda la jornada.
Esta mañana que me saludó cariñosamente Jofegaber por
wassapp, le pedí que pasara mi número de teléfono a Abrego (del foro de
Rodadas) que es de la zona y se ofreció para lo que me hiciera falta en el hilo
que inicié a los efectos de esta ruta en el foro. Y va y el chico raudo y veloz
me llama, más majo, me facilita incluso una dirección de una casa rural en
Villanueva de los Infantes, que es precisamente en la que me encuentro mientras
escribo esto.
Ya llego tardecito a Manzanares, deben ser pues por lo menos
las 11:45, pero aprovechando que paso (como siempre) por el centro me paro en
uno de los bares que tienen terrazas puesta en la calle, no recuerdo el nombre
de la calle pero debe ser la principal porque es peatonal, está lleno de
tiendas, hay mucha gente que va y viene que entra y que sale. El bar es de un
forofo del Atlétic (de Madrid supongo) se llama MERE (el bar claro) y tomo una
puntita de pan con algo dentro y una supercerveza bien fresquita y por
supuesto… jeje, el cortadito con leche natural (no recuerdo ahora lo que me costó
ni me importa porque francamente me supo a gloria).
A la salida de Manzanares el vientecillo sigue y decido
abandonar el track definitivamente y tomar la nacional 430 hacia la Solana. No va mucha gente y sigue
estando divinamente pavimentada y con arcén limpio, amplio y transitable, pero
el viento… uf… y un rato monótona que es. Antes de la Solana paso por Membrilla
(cuan de melón… uf se me hace la boca agua a estas horas sólo de pensar en lo
ricos que son los melones manchegos). Bordeo por la Nacional el pueblo de La
Solana, ya voy cansado, no me apetece subir ese tantito así ni desviarme, el
cuerpo hoy no me está pidiendo turistear en absoluto. El esfuerzo por culpa del
viento me está haciendo mella en las rodillas que empiezan ya a escocerme de
forma preocupante.
Tomo la CR 644 que va a San Carlos de Valle. Podría tomar la
CM 3127 que va directa a Villanueva, pero algo me da que debo tomar la
anterior, que debe valer la pena. Y vaya que si la tomo. Una carretera casi
recta en subeybajas constantes que si no fuera por el dichoso viento la hubiera
disfrutado un montón. El track va casi siempre paralelo a la carretera, pero yo
erre que erre ni contemplo aún la posibilidad de seguir el camino de tierra. Me
paro en varias ocasiones, voy cansado… el viento, las rodillas… Antes de llegar
a San Carlos del Valle (que me cuesta lo suyo), en una de las paradas como algo
de fruta a la sombra de un olivo… uissss cuantos favores me han hecho ya en
este viaje los olivos…
Haber tomado esta carretera y no la otra ha sido una genial
decisión porque la visita a la población lo merece, menuda iglesia, menuda
plaza, muy pero que muy recomendable. Hace calor, busco un bar donde tomar una Coca-Cola
fresquita, pero todo cerrado de lo poco que hay, ni un alma por la calle, serían
sobre las cuatro de la tarde. Sigo, pero esta vez sí que voy a seguir el track
que me llevará directamente hasta Villanueva.
El camino es delicioso, disfruto en sus primeros kilómetros
a pesar del viento, pero el camino es largo, veintitantos kilómetros y casi a
la mitad de ellos ya estoy exhausto, las rodillas me duelen a rabiar y para
colmo en el momento en que voy a buscar la botella de agua de reserva para
llenar el bidón descubro que va y la botella se había apeado de la bici sin
decirme nada, vaya que la perdí con el traqueteo del camino. Pues apenas tengo
para un par de sorbos en el bidón. Definitivamente la cosa no va bien… consulto
el gps, me quedan 13 o 14 kilómetros sin nada ni nadie, bueno sí, a lo lejos
algún tractorista currando o un tráiler que me encontré a mitad de camino… para
entonces aún no me había percatado de la ausencia de la botella si no les
hubiera mendigado algo de beber.
Estos últimos kilómetros del día se me hacen eternos,
sinceramente sufro y para evitar rascar aún más en mis complicaciones empiezo a
pensar en las de los demás y digo… y esta gente cómo sabe cuál es su campo,
dónde empieza y dónde acaba. Y… cuando contratan algún tractorista para
hacerles alguna labor… cómo sabe el tractorista que es ese campo y no otro?
Llego en bastante mal estado a Villanueva de los Infantes y
encima no he resuelto siquiera ninguno de los enigmas que le deben reconcomer
(o eso me figuro) a esta gente. A la entrada hay una gasolinera y un bar (Casa
Pedro) para mi hoy, San Pedro, porque me permite echarme al cuerpo de inmediato
una cerveza bien fría (vista y no vista) y acompañarla con un paquete de
Bocabits, jeje, es que no había otra cosa y yo lo de la cerveza a palo seco, lo
llevo fatal.
Me dirijo después a la Casa Rural Hermano Galo (21 euros
individual), casa que está saliendo en la parte contraria del pueblo, pero
confortable y limpia. Ducha… colada… y dado que cuando llegué al pueblo ya eran
las siete y pico, ahora que ya son las… casi las nueve me voy a cenar.
Desando (esta vez a pie) todo lo corrido por el pueblo en
bici, voy al centro… Villanueva es una ciudad preciosa, para callejear por su
calles antiguas, rectas y limpias llenas de casonas y espacios que retratar.
Pero ahora lo importante, cenar. Lo haga en Bar Casa Cascorro, un lugar tirando
a Bar de la España profunda pero muy bien atendido por Agustín y su mujer. Menú
10 euros… sin entrar en detalles culinarios, lo cierto es que el tal Agustín es
un sujeto estupendo, hablador y enamorado de su trabajo y de la zona, me habla
de rutas, de gente que va por allí, de gente de btt de un chico que tuvo un
accidente y que ahora va en bici de tres ruedas y que tiene una fundación. Y
además el Agustín me regala un folleto de rutas y un magnífico libro de la
comarca.
Vuelvo a la Casa Rural, escribo esto, son las once treinta y
cinco de la noche. Estoy reventado y como que no tengo aquí internet, dejo
estas notas para publicar en el blog en lugar y momento más propicio. A ver si
tengo suerte y esta noche concilio antes el sueño… aunque la pinta de la camita
que me ha asignado el dueño… no se no se.
Las fotos de la jornada.
Las fotos de la jornada.
Mi ruta de Don Quijote 2ª Etapa
Villarrubia de los Ojos - Almagro
Martes, 16 de octubre de 2012. Hoy han sido bastantes menos kilómetros, poquito apenas he llegado a
hacer 60 y a pesar de ello y de menos frío e incluso menos viento, debo
confesar que hoy acabé más cansado, con un pequeño dolor en ambas rodillas y un
poco decepcionado, no llegué a tiempo de poder ver el famosísimo Corral de
Comedias de Almagro, cierran a las siete pero la tecnología me ha hecho una
trastada y tendrá que esperar su visita para otro momento.
7:00 suena el despertador del móvil, a pesar de que el
Hostal los Jijones de Villarrubia es nuevo, bonito y está cuidada la
habitación, lo cierto es que esta noche he dormido también poco y no he podido
atender al despertador en su cometido. Remoloneo en la cama hasta que a las
ocho cuarenta ya salgo del hostal. Busco un lugar para desayunar, increíble,
las calles llenas de padres y madres que llevan a los críos al cole y ningún
bar abierto. Callejeo con la bici ya alforjada y al final encuentro el bar más
cutre de toda La Mancha, nada para mojar el café con leche, me conformo, lo
tomo (1 euro) y salgo a la calle a fumar la primera pipa del día. Allí un
paisano alaba mi bici (tan extraña en su opinión), hablamos de la crisis… habla
él y de que en casa viven él, su señora y dos hijos todos en paro… bueno él
desde hace ya bastante porque me cuenta que tiene ochenta y cuatro años ya y
que va a vender el tractor por lo que le den y “sanseacabó” que ya no aguanta
más… no se si me habla de él o del tractor… aunque me da, que en el mismo saco
andan ya ambos.
Salgo de la ciudad por la carretera que va a las Tablas,
está francamente tranquila y muy bien pavimentada, pequeños sube y baja que no
molestan, al contrario. Hace fresquito, pero nada que ver con el frío de ayer
por la mañana. Luce un sol espléndido, me cruzo y me rebasan algunos ciclistas
que ruedan como yo en solitario pero en plan rutilla, ninguno contesta al
saludo, ninguno me saluda motu propio… Paso que va el apestao ese… deben
pensar.
Desde que salí ayer de Alcázar de San Juan no dejo de
acordarme de la gente del foro y en especial de la de la Plataforma contra las
Cuestas y los Falsos Llanos, seguro que estarían disfrutando como lo estoy
haciendo yo con esta ruta. En especial… me acuerdo constantemente de mi amigo
Jofe… de hoy no pasa que le llame.
Sigue la carretera hasta casi tocar el Guadiana cuando esta
se desvía a la derecha siguiendo ya definitivamente la dirección del Parque
Nacional de las Tablas de Daimiel. Ya se van viendo algunas masas de agua con
población de “patos” se les oye y en especial se les ve salir pitando a mi
paso. Este tramo es de unas subeybajas un poco más pronunciadas pero sin mayor
importancia, en uno de esos más sube que baja veo un árbol muy grandote en todo
lo alto y poco más allá una pequeña y abandonada construcción con un corral
circular. En especial me dirijo al arbolote que resulta ser una encina
gigantesca con todo el suelo de su sombra a rebosar de bellotas caídas. Apoyo
la bici en el tronco, saco el taburete y me siento bajo esta espesa y
almohadillada sombra. Es la hora de disfrutar de una pipa y también es la hora
de disfrutar de la llamada a Jofe. Mejor le envío un wassapp que es más barato
y molestará menos si está en el curro.
Le digo que me acuerdo de todos, le envío foto de la encina,
apenas son unas pocas frases, pero al cabo de ellas me siento mucho mejor,
muchos más.. infinitamente más acompañado.
Sigo la marcha, ya estoy a las puertas de las tablas de
Daimiel. En el molino están de obras, tampoco me podría acercar mucho porque
hay verja metálica que se abre según qué horas y previo pago de peaje
turístico. Sigo hacia el parque, paso por delante de El mesón de la Duquesa. Un
oasis en pleno desierto pienso. Sin dudarlo entro al parking, dejo la bici allí
plantada frente a la entrada y pido una puntita de pan con jamón y queso y unan
cerveza y un cortado… Siete con ochenta… me parece que me acaban de asaltar,
pero es igual, el espacio y el momento lo vale y no le doy más vueltas.
Me acerco hasta el Centro de Visitantes del parque, que
aparenta estar desierto de ellos, apenas un par de coches y me da que deben ser
de los que curran en el parque. Cotilleo, miro los paneles, la figuración
escénica bastante burda que hay de lo que es el parque y ya no hago más. No
quiero dejar la bici sola y andar por los senderos. Si eso, lo dejo para un
futuro, ahí en el cajón grandote de las cosas por hacer.
El track que sigo me dice que habría que pasar por Ciudad
Real, estudio la cosa, panzada de kilómetros por camino. Sopeso mis ganas que no
sé porqué empiezan a menguar ya y decido que Ciudad Real también debe ir al
cajón grandote y tomo rumbo a Daimiel. La carretera sigue siendo de buen
asfalto, de sube y bajas suaves y de apenas nada, pero que nada de tráfico.
Sigo viendo postes de la ruta del Quijote.
Daimiel es una ciudad grande, tirando a muy grande con un
centro urbano con mucho movimiento. Me sorprende la plaza del Ayuntamiento
rectangular y con soportales en los laterales más largos con columnas de forja
(supongo). Me siento en la terraza de un bar, estoy unos minutos y apenas nadie
del local se anima a venir a ver si quiero tomar algo además del solecito que
hace y que eso ya nos viene dado desde las alturas y que por tanto ya está
pagado. Nada, que no viene, no espero más y siguiendo las sabias indicaciones
para estos menesteres de mi amigo Ronso, me levanto y me voy a la terraza de
enfrente. Me atienden enseguida, cortadito con leche natural que disfruto
viendo pasar a la gente. Noto que hay una gran población de gente del este de Europa,
un olivo espectacular y un perrito echándose una siesta en el césped que rodea
el olivo.
Tras callejear (ciclocallejear sería), por la ciudad salgo
en dirección Almagro por la CM 4107, es una buena carretera para ir en coche,
larga bastante bien pavimentada pero con un arcén de apenas 60 cms. Pero no me
siento con ganas de buscar alternativa de camino (que la hay porque la estoy
continuamente mirando por el rabillo del ojo en la pantalla del gps). Sigo, se
me hace monótona la rodada (es lo que tienen estas carreteras). El viento sopla
de frente con ganas y me cuesta lo suyo llegar a Almagro, cosa que hago pasadas
las cuatro de la tarde.
Coca-cola en una terraza de la plaza Mayor, hace un sol de
pleno verano, se está en la gloria y parece que se me vaya olvidando el
cansancio (si es que lo tenía). Me voy al hotel, esta noche superhotelazo
porque yo lo valgo. El Retiro del Maestre, ale ahí es na!
Me ducho, y salgo a callejear (esta vez sí a pie), apenas he
doblado la esquina, intento hacer una foto y zásca! Se agotó la batería de la
cámara. Vuelto al hotel a cargarla un poco, que tengo un encarecido encargo de
hacer fotos del Corral de Comedias.
Salgo ya con la batería, y me quedo con un palmo de narices…
La casa cierra 15 minutos antes de las siete y son eso, quince minutos antes de
las siete. Fiasco monumental, casi tanto como la propia Plaza Mayor, toda de
soportales verdecitos y de ventanales todos tan igualitos. Me entra malhumor la
cosa de no poder acceder al Corral, pero claro no tiene remedio ya. Y mañana
que abren a a las diez… no creo que esté aquí, aunque mañana tampoco tengo otra
cosa mejor que hacer aparte de pedalear.
Ceno cualquier cosa en un bareto de la plaza, muy oscura
toda ella por cierto. Una charanga ameniza la cena, no se cual es el motivo de
su festejo, tampoco pregunto, les dejo que sigan, me gusta.
Nada, pues un día sin nada grandote que destacar, tan sólo
que estoy bien ya, que me gusta rodar con la bici, y en especial por llanos… y
hasta el momento atracón de ellos.
Mi ruta de Don Quijote 1ª Etapa
Alcázar de San Juan - Villarrubia de los Ojos... unos 90 kilómetros.
Sin duda, el Hostal Har Numancia de Alcázar de San Juan,
definitivamente no es un local a recomendar para pernoctar, al menos la
habitación número 5, muy pequeña, minicama con un colchón que necesita un
cambio pero ya mismo y no sólo por los muchos ruiditos que emite al menor
movimiento.
Puse el despertador a las siete de la mañana. Cosa extraña,
hoy le hago caso al segundo intento de despertarme, de manera que a las 7:35 ya
estoy desayunando un café con leche y cuatro churros gigantescos (Café con leche
y cuatro churros gigantescos (2 euros en total) que tomo en una bonita y nueva
churrería (Azúcar y Canela creo recordar que se llama) y que está casi al lado
mismo de la estación del tren.
Vuelvo al hostal, recojo las cosas y salgo. Es todavía
temprano y no encuentro ningún sitio para comprar algo de comida para el día;
hago una foto al monumento a Don Quijote y Sancho panza, dos esculturas de
bronce que ayer no pude fotografiar porque un grupito de niñas estaba muy
divertido en subir y bajar de los animalillos de metal de manera que impedían
hacer foto alguna además de manifestar bastante poco respeto por la cosa.
El camino es de tierra de muy cómodo rodar. Anoche cuando
oía llover con cierta intensidad pensaba en cómo se embarrarían los caminos,
pero no, apenas tierra húmeda y poco más. Se rueda cómodo a pesar de que el
viento (cómo no en tierras de molinos de viento) ya empieza a hacer acto de
presencia y es realmente fresco. Vaya, sin paños calientes, paso un frío del
copón que ya más o menos no me dejará en toda la jornada a pesar de que en los
últimos kilómetros la cosa mejorará.
El camino transcurre siempre entre campos de labor y algunas
zonas de espacios plantados con unos arbolitos bajitos que de momento no he
identificado (poca cultura forestal que tiene uno). Los conejos, que debe haber
muchos, cruzan el camino disparados. Paso cerca de la Laguna de Cerro Mesado,
seca, como la mayoría. Cruzo el río
Cigüela, de cauce que aparenta estar seco. Aquí y allá salpican el paisaje viejos
edificios en ruinas, algunos aparentan pequeños corrales, alguno tiene pinta de
explotación agropecuaria de mayor envergadura que me recuerdan a nuestras
antiguas masías.
Sigo un trecho largo por la ruta de las tablillas, que la
mayoría están secas, apenas un hilillo de agua del que salen corriendo algunos
patos asustados de mi presencia. A lo lejos veo ya los primeros molinos de viento de la ruta, presumo que
están parados a pesar del viento. Sigo el camino que se encuentra ahora
jalonado de postes de madera con señales de la ruta de Don Quijote en color
verde.
Apenas a unos metros de Herencia paso por delante de la
ermita de Cristóbal, encalada primorosamente de blanco y ya en gran bajada
entro en el pueblo. Me sorprende, es bonito, limpio y en las calles hay mucho
ambiente, especialmente de bicicletas, veo a muchas mujeres circulando con
bicis de las de chica de toda la vida, esta misma imagen la veré también
después en otros pueblos. Bonita iglesia y aún me sorprende más el Ayuntamiento
tan nuevo pero tan bien integrado en el paisaje urbano. Tiene en el zaguán de
entrada una gran cristalera tras la que hay unos gigantes, algo que me recuerda
a mi tierra y la fiesta del Corpus.
Aquí mismo compro un poco de bollería (de la industrial)
pan, salchichón, chorizo y fruta para pasar el día. Y almuerzo en un sitio
bastante nuevo pero mal atendido y caro, muy caro, vaya un timo, ni lo nombro
porque de ese nombre tampoco yo quiero acordarme.
En el borde entre las provincias de Toledo y Ciudad Real me
cruzo con el Camino de Santiago; siguen los postes de la Ruta de Don Quijote,
en este caso por La Cañada Real Soriana y el camino de la Laguna de Peñahueca,
que a mi parecer está igualmente seca. Bordeo la Laguna de La Sal (eso, seca
seca) hasta llegar a Las Lagunas Grande y Chica de Villafranca de los
Caballeros. Esta vez sí que tienen agua y aves. Están muy turistizadas, con
casas en sus orillas, espacio para actividad física al aire libre y juegos
infantiles.
Por unos poquitos kilómetros de carretera (recta y
solitaria) llego a Villafranca de los Caballeros. La carretera cruza el pueblo
y en la fachada del ayuntamiento, no podía ser de otra manera, un monumento en
bronce a Don Miguel de Cervantes Saavedra y frente a la iglesia un bonito
monumento igualmente en bronce dedicado “A los Villafranqueros que con su
caminar han contribuido a forjar el presente y futuro de su pueblo, la figura
es si más no, por lo menos realista, un sujeto que aparenta simpaticón con una
punta en los labios y un burrito alforjado.
A la salida del pueblo y por casualidad descubro gracias a
un cartel que estoy en “Tierras de Dulcinea”.
Ya va picando el hambre y me paro al borde de la carretera,
busco el refugio de un olivo en un olivar primorosamente labrado y como de lo
que compré esta mañana y sigo camino por la misma carretera hasta Camuñas, en
donde como tampoco podía ser de otra manera en estas circunstancias horarias
busco un lugar para tomar cortadito con leche natural, lo hago en el Bar San
Remo, me lo sirven en una taza y plato serigrafiadas con el escudo municipal y
el nombre del local, me resulta curioso. En el pueblo, en la plaza que lleva a
la iglesia hay una curiosa torre de poca altura, encalada y ribeteada en azul
en cuya cima hay una estructura de hierro que sujeta la campana del reloj
porque la torre recibe el nombre de “Reloj Municipal” según informan unos
azulejos. Corona la diminuta torre una veleta.
Salgo del pueblo y sigo por camino de tierra que me recuerda
mucho a una vía verde. Ruedo por ella muy rápido aunque en contra tengo el
polvo que levantan unos caminos enormes que va igualmente veloces y que no se
que llevarán dentro de esas gigantescas bañeras.
Cerca ya de Puerto Lápice vuelvo a ver molinos de viento en
la cima de una colina y recto a la plaza del Ayuntamiento, que me recuerda a Almagro.
Vigas de madera roja y teja, un pequeño corral de comedias sin ser corral,
porque en realidad es una plaza porticada exenta, sin casas adosadas. Tomo una Coca-Cola en el mesón que da vidilla
a la plaza, justo en el otro extremo una noria, un monumento a las norias, de
las que ya he visto unas cuantas en estado muy ruinoso y que lamento no haberle
hecho fotos a ninguna de ellas. Después me paso por la Venta del Quijote, muy
turistizado, totalmente turistizado (no lo critico, a fin de cuentas es turismo
y es patrimonio), hay bastante gente transitando por ella, algunos tienen pinta
de europeos de mas allá de los pirineos y también orientales. Justo detrás de
la venta hay un patio vallado para aparcamiento de autobuses.
A partir de aquí, unos cuantos kilómetros de carretera recta
y monótona pasando por Las Labores llego a Villarrubia de los Ojos donde me
alojo en el Hostal Los Jijones (28 euros
la habitación) y menuda habitación. Este sitio sí que es altamente
recomendable. Antes de cenar (Restaurante Aldaba en Glorieta El Pato, muy
bueno), callejeo por la ciudad. Urbanísticamente no me dice nada, pero es un
pueblo grande y que aparenta bastante vidilla.
En total han sido 90 kilómetros que he podido hacer con
relativa facilidad, a pesar del viento y del frio, he pasado frío.
Mi ruta de Don Quijote - Etapa previa
Domingo 14 de octubre de 2012, 13:15 Definitivamente abren el acceso al tren (Alaris
Valencia-Alcázar de San Juan). Ya llevaba yo algunos minutos con los bártulos
preparados, la bici plegada y en su funda y las cuatro alforjas junto a ella.
Dado que hay gente que lleva maletas que abultan mucho más que mis bártulos
creo que va a ser verdad eso de que no hay ningún problema en acceder al tren
con la bici. Abren, cargo todos los trastos parezco un sherpa, paso el control
y el chico me entrega un botecito de plástico que contienen unos auriculares
que de peor calidad ya no pueden ser.
Mi coche está al final del andén, me cuesta llegar tan
cargado pero lo consigo y acomodo la bici y las alforjas en el espacio
reservado para maletas a la entrada del tren y busco mi asiento. Una pena lo
mal que están ya estos trenes que a no hacer tanto tiempo fueron el “no va más”
de Renfe, pero tengo suerte, el tren va prácticamente vacío y la chica que está
sentada a mi lado decide cambiarse a un sitio más amplio, cosa que sin decirle
nada le agradezco profundamente porque la chica resultaba un pelín abusona en
lo que toca a usurpar espacio de asiento ajeno.
El viaje resultará bastante rápido y cómodo, apenas dos
horas y media pero ya, cerca de Alcázar de San Juan aún luce un esplendido sol
pero ya veo que los árboles tienen un notorio vaivén que me preocupa. Hace
presencia nuestro compañero jamás invitado, el viento que será ya
definitivamente manifiesto a la salida de la estación.
La fachada de la estación es chula, hay bastante complejo
ferroviario alrededor, sin duda otros tiempos de más gloria vivieron estas
instalaciones. A la puerta hay un monumento al ferroviario, le hago foto cuando
vuelvo a pasar por allí a la noche después de cenar.
Con la bici ya montada, emprendo rodada suave en bajada
hacia la plaza de España, donde tomaré el que será el primer cortadito con
leche natural de la ruta. Definitivamente hace viento y fresquito y el sol se
va escondiendo con resignación tras una maraña de nubes blancas que acabarán
cubriendo todo el cielo. El camarero del local me facilita un plano callejero
de la ciudad, localizo el Hostal Har
Numancia en el que pienso alojarme. 28 euros la habitación, sencillo, limpio y
muy, pero que muy tranquilo, estoy totalmente solo en el hostal, no está ni el
encargado.
A eso de las siete y pico de la tarde salgo a callejear la
ciudad, pero reconozco que no apetece en absoluto, hace un tiempo desapacible,
vientecillo, algo de frio y además llovizna. Empiezo a pensar en el barrillo de
los caminos y no me complace en absoluto aunque pienso que siempre tendré la
alternativa de chalequito fosfi y carretera. Callejeo, la ciudad es amplia con
calles muy tranquilas y limpias. Me llama la atención la poca cantidad de
edificio altos que hay y el trazado enrevesado que tiene. Naturalmente las referencias cervantinas y
particularmente quijotescas son inevitables en el nombre de establecimientos,
en la toponimia y naturalmente en monumentos.
Me llama la atención que bastantes calles tengan una
explicación del nombre rotulada en muralitos de azulejos.
Me paso por la Parroquia de Santa Quitaría (santa de feliz
recuerdo), en ella se encuentra la Virgen del Rosario, patrona de esta ciudad y
que casualmente es la santa del día en el que nació mi padre. Inevitablemente,
tengo un especial recuerdo para él, estoy un rato con él, pienso en él, rezo
con él, hoy hace dos meses justos que ya no está con nosotros.
Callejeo un poco más y busco un sitio para cenar. El local y
el menú no merecen especial atención, pero por precio y por hambre (9,50 euros)
no me vino nada mal. Raudo al hostal, ya no tengo más ganas de callejear. El
hostal, ahora sí, compruebo que está totalmente desierto. Veo las noticias,
especial énfasis al austríaco que ha superado la barrera del sonido en caída
libre. ¡Qué bruto! Estaba convencido de que el tipo se mataría, pero no… el tío
ha hecho un aterrizaje que parece de película de James Bond, sin duda, tanta
eficacia, tanta seguridad, tanta tranquilidad me mosquea, escéptico que es uno.
Tomo estas notas que quizá publique o no, paso las pocas
fotos que he tomado al ordenador a ver si consigo en esta ruta no montar los líos
de fotos y notas que amontono siempre.
Rodando por Francia 12ª Etapa
27 de julio de 2011
Capestang - Agde 55,05 km.
17:53 En el tren desde Agde a Portbou con transbordo en Perpiñán. Después allí ya veremos, digo yo que algún tren habrá a Barcelona.
Capestang - Agde 55,05 km.
17:53 En el tren desde Agde a Portbou con transbordo en Perpiñán. Después allí ya veremos, digo yo que algún tren habrá a Barcelona.
Ayer tarde y por la noche cuando cenaba en la placita de Capestang, todo hacía pensar que hoy sería un radiante día de sol. Y no, nada más parecido a la realidad. Ya por la noche volvió a llover intensamente. Hasta las ocho y media no he podido levantar el campamento, desayuné en la misma placita y el miso café en el que cené anoche. Café con leche dos bollos rellenos con algo de chocolate. Algunos rayitos de sol que se escapan de entre las nubes me alegran un poquito la mañana.
Como me ha llamado mucho la pasión que sienten los franceses por las flores y las plantas en general, antes de salir de Capestang le he hecho una foto a una floristería, que viene siendo algo así como el comercio que no puede faltar en ninguna villa francesa que se precie.
En Beziers, un festival de barcos y de gente, vaya, casi todos los que estos días pasados no he visto, están todos aquí.
Como decía, el día volvió a estar rematadamente pasado por agua, menos mal que desde El Port de Beziers hasta la cercanía de Agde, o bueno quizá no tan cerca, la pista está excelentemente asfaltada, pero después, hasta casi el inicio de la ciudad, la pista estaba embarrada, enarenada y vaya intransitable y seguía lloviendo. No me explico como los de la empresa Le Boat (a la que pertenecen la mayoría de barcos de alquiler que navegan por el Canal, tenga su base principal en un sitio tan feo como este.
Llego al final del viaje, las grandes piedras del malecón del puerto resbalan mogollón, arrecia el viento y la lluvia, foto rápida, unos segundos de video y marcha atrás a comer una fuente de sepia a la plancha, ensalada y una cerveza de palmo. El chiringuito está encima mismo del agua junto a la pared del puerto.
Llueve de forma exagerada, desisto de buscar camping ni alojamiento alguno, estoy harto de lluvia y me voy raudo a la Gare d'Agde, lo que sea le digo a la señorita que venda billetes y que no entiende ni papa de español me muestra la pantalla, ese, le digo y ahora estoy escribiendo estas notas en el tren ese que me llevará a Perpiñán, donde tengo que cambiar de tren y buscar uno que me llevará a Portbou. Por cierto, veo el mar por la ventanilla izquierda del tren por la de la derecha entra un sol de que te cagas. ¡Qué paradojas!
En Perpiñán cambio de tren en unos minutos a PortBou, la policía nacional pide el DNI o pasaporte en la misma puerta de la estación. Siete minutos después sale el Media Distancia de Renfe que me llevará en un par de horas hasta Barcelona y a la una de la madrugada sale el bus para Valencia desde la estación Barcelona-Nord.
Llego sobre las cinco quince a la estación de Valencia, monto la bicicleta, no tengo prisa ya por llegar a casa para no molestar el sueño de la familia con mi llegada. Ruedo con tranquilidad paralelo al viejo cauce del Turia, convertido actualmente en frondoso espacio de deporte y paseo.
El tiempo ya es muy diferente, temperatura y humedad que me son ya muy familiares. Es de noche todavía. Cruzo Mislata y Quart de Poblet exactamente igual de desiertas aunque el día ya va clareando. Sé que nada más entrar en Manises, hay un bar que abre muy temprano, decido hacer allí algo más de tiempo y tomarme el primer cortado con leche natural, aunque me consta que en este bar, los cortados no son una exquisitez.
Me siento en la terraza para tomarme el cortado y fumar la última pipa del viaje, con la paz y la serenidad necesarias; pero no es posible a pesar de que en el cielo no hay nubes y parece que el sol va a ser espléndido. Un pesado que no me conoce de nada se empeña en darme la tabarra con tonterías y cosas de las que apenas le entiendo nada y eso que aparentemente habla español, lo único que me quedó claro es que el tipo se llamaba Quintanilla y que hizo la mili con muchos de Manises.
Suenan las siete de la mañana en el campanario de San Juan Bautista mientras meto la llave en la cerradura, oigo el despertador de mi mujer, genial justo a tiempo,
El resto, dormir bastantes horas y la ingrata labor de deshacer alforjas, lavar y orear la tienda de campaña y de la bici… ¡ay la pobre Nana!, qué sucia está y especialmente falta de reglaje y engrase. En la soledad de la madrugada valenciana, chirriaba como quejándose, no sé si de ganas de ir a la penúltima habitación del pasillo a mano izquierda a contarle nuestras cosas a la Chica o justo lo contrario, volver atrás y seguir viaje... Yo... Yo, al menos hoy quiero llegar, mañana ya veremos, porque este sueño… este sueño ya se ha cumplido.
Las fotos de la Jornada
Rodando por Francia 11ª Etapa
26 de julio de 2011
Trèbes – Capestang 77,82 km.
Me paro debajo de un puente al pasar Argens Minervoise, me refugio un ratito más de la lluvia. ¡Qué hartura de rodar por el barrizal de la estrecha senda bajo la lluvia, y así desde que salí esta mañana de Trèbes!
Trèbes – Capestang 77,82 km.
Me paro debajo de un puente al pasar Argens Minervoise, me refugio un ratito más de la lluvia. ¡Qué hartura de rodar por el barrizal de la estrecha senda bajo la lluvia, y así desde que salí esta mañana de Trèbes!
Desde luego no me cruzo con mucha gente, pero justo antes del puente hay un numeroso grupo familiar que espero que pase para grabarlos en video. Son un buen grupo familiar con niños que van encantados de tamaña aventura.
Creo que no voy a tomar el Canal de La Robine, sino que voy a continuar por el Canal del Midi hasta el final y luego ya tomaré tren y a casa.
Las moscas aquí debajo del puente están inaguantables, por unos instantes veo un pedazo azul de cielo, no creo que sea un espejismo. Es cierto, es un pedacito de cielo azul… pero no tardarán nada los nubarrones en taparlo.
Entro en el puerto de Menervac en Minervois, debe estar al lado de Le somail. Entro en un coqueto restaurante y me siento debajo de unas moreras enanas de las que cuelgan ristras de bombillas de colores que están encendidas. Me tomo un café con leche (3 euros). Son las 15:51.
20:36, en el café de la Paix en Capestang. Definitivamente seguí un impulso y decidí acabar el Canal del Midi en Agde. Fue pasar el Port de La Robine y mejorar enormemente el tiempo. Las nubes negrotas se apartan y dejan pasar unos rayos de sol que me reconfortan después de todos los días pasados de lluvia.
La rodada ha sido relativamente larga. Desde el puerto de la Robine hasta este pueblo que dista algo más de 20 kilómetros no hay prácticamente nada a lo sumo un pueblin del que casi sin darte cuenta pasas de largo.
Me alojo en el campin Le Tunel (6 euros). Está completo y me han colocado en un rincón cerca de los sanitarios, pero estoy bien. Es el primer día que monto con tranquilidad la tienda, parece que de momento no va a llover, incluso me ha dado tiempo a lavar las alforjas y la bici que esta mañana nos hemos llevado puestos casi todo el barro de las senda, y digo sendas que a veces casi ni llegan a serlo. Esta parte, la del Midi no tiene nada que ver con el del Garonne, o allí se han pasado en lujos o aquí todavía no han empezado a habilitarlo.
Capestang es un pueblin lleno de rincones para pasear. Una placita coquetamente iluminada y concurrida de gente por estar en ella tal vez los bares más populares, añadiendo a ello q allí mismo está la imponente iglesia muy buen iluminada con una luz amarillenta que realza aún más su interesante volumen arquitectónico.
En la mesa de al lado mientras ceno, hay cuatro señoras (tirando a muy mayores), españolas en Francia desde que era mozas, son de Murcia y Alicante. Charlamos. Se las ve felices pero con nostalgia. A una de ellas ya no le queda nadie aquí, pero tampoco en España, las demás, tienen una colección de hijos y nietos increíbles. Salen, dicen, todas las noches en verano al café, a ver pasar a la gente y de paso la vida, pero que dentro de un rato se van a casa a ver el canal internacional de la Televisión Española hasta la una o las dos y que muchas veces se quedan dormidas cara la tele... hay cosas que son iguales vayas donde vayas.
Las fotos de la Jornada
Rodando por Francia 10ª Etapa
25 de julio de 2011
Castelnaudary – Trèbes 60,30 km.
10:18 Desayuno sentado en la terracita cubierta de una cafetería en Castelnaudary, frente al mercado de los lunes y justito al lado del Mairie. Pese a la persistente lluvia el mercadillo está muy concurrido. Desayuno café con leche y croissant (3,40€), mientras veo pasar a la gente, incluso cicloturistas que como yo se han hecho el ánimo de salir a pesar de la lluvia que a ratos es fuerte. La predicción del tiempo que vi ayer en la pantalla gigante del comedor del camping daba eso, lluvias constantes.
Hoy el día se está haciendo durillo por la lluvia que insiste. Primero me refugio en una pequeña pérgola de jardín delante de la esclusa de Le Guerre, estoy muy mojado y la cámara está a buen recaudo dentro de la bolsa cutre de manillar que llevo y ésta a su vez envuelta en una bolsa de plástico. No tengo ganas de deshacer todo el hatillo y paso de hacer foto. El lugar en el que me refugio es ciertamente cutre, una pergolita barata de las de Leroi Merlín, en cuyo recinto veo de todo: un sillón de mimbre en ruina total, una silla tumbona de playa con una almohada raída, zapatillas y macetas hechas con botes, eso sí, alrededor un gran y frondoso seto de plantas verdes que le proporcionan una gran intimidad.
Poco después busco resguardo de la lluvia debajo de un techado enorme para maquinaria agrícola y más tarde, cerca de las dos, pasando por un pequeño puerto desierto, veo estacionadas muchas bicis con alforjas pero ningún ciclista a la vista. Oigo voces debajo, a ras de canal. Me asomo a una estructura de hormigón por debajo del nivel del canal, es un lavadero de ropa para la gente de los barcos supongo. ¡Qué ingenioso! Lavar sin agacharse. Hay tres familias (cicloturistas) completas con niños que se han refugiado para comer. Los críos van y vienen, están inquietos y con ganas de subirse a sus bicis. Poco a poco se van todos. La lluvia persiste. Aprovecho que pasa un barco para fotografiarlo a ras de agua con una florecilla amarilla cuyas raíces están en el fondo del canal.
Sigo hasta Carcassonne. Es también una gran ciudad que no puedo disfrutar mucho, la lluvia no me abandona, pero aún así doy una vuelta por sus calles con la bici cargada y el sempiterno traje de lluvia.
Me paro en una de las puertas de la muralla y justo al lado hay una cafetería con terraza cubierta que es lo que quiero para no perder de vista la bici. Es curiosa la cafetería, está dedicada en exclusiva a la Escudería Ferrari, incluso hay a la puerta un monigote de plástico con la figura a tamaño natural de un piloto, debe ser alguien famoso por aquí porque los turistas se hacen fotos con él. Y a mí, no sé porqué, pero no me viene en gana sacarle foto alguna.
Podría quedarme por aquí, pero no me apetece dar vueltas por estas calles llenas de tráfico persiguiendo un camping que no tengo ni idea por donde debe parar.
Prefiero seguir adelante, a menos de quince kilómetros está Trèbez, junto al mismo canal y seguro que tienen camping. Además, a quién voy a engañar, prefiero los pueblos pequeños a las grandes ciudades.
Hartura ya de decirlo, pero la lluvia me sigue acompañando, paso por una esclusa cuádruple. Aquí sí que hay gran cantidad de tráfico de barcos. Hago alguna foto y un minuto de video y sigo.
A cinco kilómetros de Trèbez me paro en la esclusa a charlar un rato con el operario, me dice que el mal tiempo se está notando pero que lo peor es la crisis, hay muchísimo menos barcos navegando que otros años. Cosa de la crisis,-insiste. Y aprovechamos el momento para chapurreando arreglar el mundo, mucho egoísmo y poca solidaridad, es nuestra común conclusión.
Sigo y llego a Trèbez, es un pueblin pequeño que lo cruza una carretera nacional que debe darle bastante vidilla. El camping, “A l'Ombre des Micocouliers “ es bastante grande y acogedor. Como todos, éste también está lleno pero no hay problema para una plaza como la mía. (Tienda y una persona 12,40 €).
Lo primero que hago antes de ir a buscar mi plaza es preguntar por una manguera y poder librar de la costra de barro que tienen la Nana y las alforjas.
Llueve y venturrea a placer mientras monto la tienda, como lo seguirá haciendo a lo largo de la noche. Ceno estupendamente, una especie de pizza pero cuya base es una rebanada gigante de pan, está bueno. Eso, cerveza y un café con leche 12,90€. Mientras ceno en el restaurante del camping, veo las noticias en una pantalla gigante que tienen instalada allí dentro. Hay bastante gente, pero el servicio es rápido y agradable.
En este camping es en el único que tuve un pequeño percance, una tontería de niños supongo, puesto que aquí me robaron el cargador de pilas del gps. Supongo que sería una chiquillada de alguno de los niños de un numeroso grupo que estaban acampados en el mismo camping. Hasta ahora no me había faltado nunca nada. En este camping me encontré con una familia de Murcia que viajaban en una autocaravana prestada, una ocasión más para charlar un rato fluidamente sin señas ni gestos que apoyen el chapurreo.
Las fotos de la Jornada
Rodando por Francia 9ª Etapa
24 de julio de 2011
Toulouse – Castelnaudary 78,80 km.
Pues llego a Castelnaudary. Chispea para variar. El camping municipal no está en el centro que digamos, está junto a las instalaciones deportivas municipales, todo muy verde y tranquilo, el camping 5,90 euros y los servicios impecables, aunque no tiene cafetería ni tienda, todo hay que venir a la Ville, de calles algo empinaditas para subirlas con la bici tras la ruta, pero seguro que la "Cassoulette" lo merece ya que esta es la cuna de este plato. La voy a probar en el Rte. D'isa.
Toulouse – Castelnaudary 78,80 km.
14:52 Me paro en la zona de descanso de la esclusa de Gardouch, poco después de la de Laval. Es un pequeño puerto con algunos barcos y zona de baños. Hasta ahora el girasol estaba siendo el cultivo más extendido, pero ya desde hoy se ven otros tipos de cultivo por lo general en invernaderos (ciruelas, manzanas, kiwis). El día, estaba tan nublado que hasta los girasoles estaban cabizbajos.
Hoy salí también tarde, llovía esta mañana en el camping de Le Pruné y no he podido levantar el campamento hasta pasadas las nueve, tampoco se podía tomar café allí, la cafetería a pesar de la hora tan tardía permanecía cerrada.
Salgo hacia Toulouse con la idea de desayunar en alguna cafetería. Pero primero debo decidir si la cruzo siguiendo el Canal o por arriba. Por el Canal es mucho más seguro y radicalmente más seguro, pero por la profundidad de la senda paralela al agua no se ven las posibles cafeterías de la calle y en cambio por arriba, la ciudad en esta parte no tiene mucho encanto y el tráfico por lo mojado de la calzada resulta algo peligroso.
Como la prioridad es desayunar, cruzo toda la ciudad por la calzada paralela al canal y vaya que sí, cruzo absolutamente toda la ciudad bajo una molesta llovizna y ninguna cafetería a la vista abierta. Pasando por la Gare de Toulouse, veo un hotel con cafetería y terraza abiertas, allí que me dirijo pero fiasco, no estaba abierta, tan sólo puestas las mesas. Me adentro justo ahí mismo un poco en la ciudad, es una calle llena de hoteles (a buenas horas), pastelerías y por supuesto cafeterías. A unos metros del hotel Ibis, una cafetería con un toldo y unas mesitas, sólo queda una libre que no tardo en ocupar. Entro, pido café con leche extra grande (2,90 €). Mientras me sirven el café con leche, la camarera me trae al mismo tiempo un gps como el mío. Vaya, resulta que era el mío que lo dejé olvidado en la barra mientras pedía. Uf, menos mal que siempre hay gente buena. Esta acción y el propio café con leche me reconfortan sobremanera. Hago un poco de tiempo porque llovizna mirando la fauna urbana que pasa por la acera. Sin duda Toulouse es una ciudad cosmopolita.
La salida de Toulouse hacia el Canal del Midi es más bonita y cuidada que la entrada por el canal del Garona, muy sucio y entre polígonos industriales y una autopista de mucho tráfico. En esta salida mucha gente haciendo deporte, andado o en bicicleta y de vez en cuando me cruzo con algún cicloturista, pero eso sí todos con chubasquero y el resto paraguas.
Hoy me ha vuelto a aparecer el dolor de cabeza, voy sin casco porque parece que eso algo me alivia y hago abundantes paradas.
En la esclusa de Laval que es doble me he parado a ver pasar el Claudine un barco grandote que cabía justito entre las dos compuertas. De esta operación y de algunas cosas más hago unos segundos de video con la cámara de fotos.Pues llego a Castelnaudary. Chispea para variar. El camping municipal no está en el centro que digamos, está junto a las instalaciones deportivas municipales, todo muy verde y tranquilo, el camping 5,90 euros y los servicios impecables, aunque no tiene cafetería ni tienda, todo hay que venir a la Ville, de calles algo empinaditas para subirlas con la bici tras la ruta, pero seguro que la "Cassoulette" lo merece ya que esta es la cuna de este plato. La voy a probar en el Rte. D'isa.
No es por desmitificar pero 16 euros por una cazuelita con alubias blancas, un muslito de pato y una pequeña pieza de embutido. Ya les vale, ¡anda que no hay platos con alubias, faves i fesols en nuestro país! No he podido evitar acordarme con emoción de una buena lata de fabada Litoral calentada velozmente en el microondas cuando llegas con poco tiempo a casa a comer. Pero, vale, estaba buena la Cassoulette.
Hoy no pongo nota en el foro, tengo casi agotado el bono roaming ese y quiero reservar algo por si necesitara con urgencia conectarme.
Me acuesto, está todo muy húmedo, hace unos instantes diluviaba, pero antes de meterme en la tienda miré hacia el horizonte español, las nubes dejan una rendija por la que se cuela un tenue y rojizo trazo rojo, es el sol que se esconde, al menos en esta fría tarde he podido ver el sol, será una señal, quizá me esté esperando el sol en el Mediterráneo para cuando llegue pasado mañana, quizás, es posible, quiero pensarlo así, ahora instantes antes de dormirme. (Cuando llegué al Grau d’Agde me acordé de lo equivocado que estaba).
Las fotos de la Jornada
Rodando por Francia 8ª Etapa
23 de julio de 2011
Hoy el tiempo sí que me ha acompañado, pero solo el tiempo, porque a pesar de ser sábado, el Canal del Garona estaba desierto de cicloturistas, de ciclistas, de barcos, hoy es el día que he visto menos gente en el Canal.
He paseado un rato por Moissac, aunque no me decidí a entrar en su famoso claustro. ¿Dónde dejo la bici? No me atreví, lo dejé para otra ocasión, pero tomé un generoso café con leche en una cafetería delante mismo de la iglesia con la portada tan interesante. Una vuelta por la ciudad, llena de gente por ser día de mercado.Al pasar por el puerto de Montech, primero me encuentro con un ciclista de paseo con una curiosa bici y después, en el mismo puente un extraño cachivache gigantesco que no acabé de averiguar para qué servía, dado que el puerto estaba desierto.
La ciudad de Toulouse es grandiosa y el centro rabioso de juventud. Me pareció una ciudad muy cosmopolita, especialmente joven, vaya llena de juventud por todas partes, sobretodo en la plaza del Capitol (creo, es donde estaban los edificios públicos más grandiosos). La plaza estaba a rebosar de juventud con algún disfraz celebrando no se qué, pero desde luego con mucha alegría.
Me costó mucho encontrar la oficina de turismo, pero debo reconocer que la rodada por la ciudad fue bastante segura, primero porque el carril del bus está compartido y bien señalizado con los ciclistas, francamente te respetan mucho y segundo, porque siguiendo el canal que cruza la ciudad, sales de ella sin ningún problema. Pero claro, todo esto primero hay que averiguarlo para que resulte así de fácil, y fue eso precisamente, el averiguarlo, lo que me resultó tan costoso. Cuando ya tomé la decisión de hacer marcha atrás para buscar el camping, bajé hasta el rio donde mogollón de gente disfrutaba de los últimos rayos de sol. Apenas unos minutos y después a buscar el camping.
La etapa de hoy Valence d’Agen - Toulouse ha sido bastante rápida a pesar de larga, creo que la que más hasta ahora 98,89 kilómetros, porque cuento los tres cuatro de dar vueltas por la ciudad de Toulouse buscado la oficina de turismo y alojamiento y la vuelta atrás que he tenido que deshacer unos cuatro o cinco kilómetros para venir hasta el camping Le Pruné, porque es el único que hay en Toulouse, y el caso es que al pasar lo he visto y... no me he parado.
Hoy me despido ya del Canal del Garone, mañana inicio el del Midi.
Rodando por Francia 7ª Etapa
22 de julio de 2011
15:37 Me paro a tomar un cortado en el Auberge La Poule a Velo, que supongo que todos los que habréis pasado por aquí conoceréis. Es chulo y curioso; situado al mismo borde del Canal aprovechado la caseta de la Esclusa de Saint Christophe. Tomo fotos con el móvil porque no tengo batería en la cámara.
Le Mas d’Angenais – Valence d’Agen 78,95 km.
Para no variar el día amanece regular de tiempo aunque se ven algunos claros que de vez en cuando me harán pensar que por veré el sol, por el día el cielo azul y por las noches la estrellas, pero en general ya sé que no debo confiarme y así acabó sucediendo la cosa, claros y llovizna de vez en cuando hasta acabar diluviando a la noche.
En una de las paraditas al borde del canal intento sacarme una autofoto, será una de las últimas fotos del día con la cámara, porque ésta está ya sin batería, las pocasd que haga durante el día serán con el móvil cuando me acuerde de que con él también se pueden hacer fotos.
Hoy me he encontrado el primer puente del canal, es curioso el ingenio este para hacer salvar los desniveles al canal sin que se vea mermada su capacidad de navegación. Sin duda, es un acueducto sin más, quizá con más caudal que el de Segovia por ejemplo o el de la Acequia del Arcs que tenemos en Manises, pero la idea es la misma. Le saco alguna foto con el móvil. Luego, etapas más adelante me encontraré unos cuantos puentes más de estos y por supuesto incluso alguno más espectacular que este.
15:37 Me paro a tomar un cortado en el Auberge La Poule a Velo, que supongo que todos los que habréis pasado por aquí conoceréis. Es chulo y curioso; situado al mismo borde del Canal aprovechado la caseta de la Esclusa de Saint Christophe. Tomo fotos con el móvil porque no tengo batería en la cámara.
El tiempo hoy sigue respetándome el día, aunque a ratos nublado hace algo de sol, pero debí traer repuestos de culo y cabeza que hoy ambos me duelen y algo la pierna izquierda también, es por eso que creo que hoy voy más lento, me canso más pronto. Los dolores del culo y de la pierna intuyo que son por culpa del sillín. Cuando lo coloqué bien apretado en Bazas, seguramente varié algo la inclinación del mismo y mi cuerpo, más que mi ojo, lo están notando.
La idea era llegar hoy a Moissac pero ya a estas horas, me lo veo algo difícil.
A medida que avanza la tarde me encuentro mucho mejor. Al pasar por Valence d'Agen me seduce el nombre y lo que leo en la información de turismo que hay en un panel junto al puente que da acceso a la villa y allá que voy.
Cuando entro son las cinco y media, procuro por mis medios localizar la oficina de turismo, como no lo consigo, hago lo de siempre, ir a una cafetería, tomar una Coca-Cola para reponer y/o refrescar y preguntar. De este modo, rápidamente localizo la oficina y a la puerta un matrimonio mayor de cicloturistas daneses que saben ya donde está el camping y que se ofrecen a acompañarme, no obstante entro en la oficina para recabar más información de la villa, me entero de donde está el camping y de que en el Café L'indutrial hay wifi gratis.
El camping municipal que esta genial, 6 euros, a la otra orilla del río, montar tienda, ducha y al café a cenar y a conectarme esta vez gratis.
Con la bici emprendo el camino del centro de la ciudad, el tiempo vuelve a hacer de la suyas, tanto que justito me permite entrar en la terraza porticada del café y empieza a diluviar. Desmonto la bici y la pongo a mi lado en una mesa del interior del local, por cierto decorado con buen gusto y por cierto también con poquísima clientela.
Ceno copiosamente, escribo nota en el foro con el ultra portátil y mientras tanto, fuera sigue diluviando para no variar.
A la vuelta al camping pongo el móvil a cargar en los servicios y me encuentro allí con una chica de Gilet acampada en un bungalow porque el marido trabaja en la central nuclear que se ve al cruzar el puente a la salida de la ciudad. Me ofrece un capuchino y hablamos un rato.
Aquí en el camping me he vuelto a encontrar a Patxi y a su mujer, la pareja de Vizcaya a la que les invité a participar en Rodadas.net. Ha sido un buen día a pesar de no tener casi fotos porque se me agotó la batería de la cámara.
Las fotos de la jornada
Rodando por Francia 6ª Etapa
21 de julio de 2011
Bazas – Le Mas d’Angenais 65,04 km.
Bazas es una pequeña gran ciudad con bastantes rincones que ver: una catedral grandiosa, un patio jardín precioso, un museo interesante y otro museo de farmacia que dicen resulta muy recomendable de visitar. Apenas vi nada, aparte de la plaza de la Plaza de la Catedral. Francamente mis hospitaleros no madrugaron mucho y a mí me vino de perlas.
Bazas – Le Mas d’Angenais 65,04 km.
Bazas es una pequeña gran ciudad con bastantes rincones que ver: una catedral grandiosa, un patio jardín precioso, un museo interesante y otro museo de farmacia que dicen resulta muy recomendable de visitar. Apenas vi nada, aparte de la plaza de la Plaza de la Catedral. Francamente mis hospitaleros no madrugaron mucho y a mí me vino de perlas.
El día salió soleado como hacía ya varios días que no ocurría; aproveche para apretar el tornillo que une el sillín con la tija que no se por qué razón se aflojó el día anterior y Etienne me llevó a presentarme a su hermana que vivía en la misma plaza de la Catedral y que el año anterior había hecho el Canal des Deux Mers por si me podía ofrecer algún consejo o información interesante. Quiso incluso darme su carte del año anterior en la que tenía incluso anotaciones personales, pero reusé el ofrecimiento por ese mismo motivo, pensé que para ella sería un bonito recuerdo conservarla, le dije que ya me pedía una en la oficina de turismo que estaba justo en el edificio de al lado. En cambio sí que le acepté un café sólo.
Monté la bicicleta con bastante público, el matrimonio salvador, la hermana y algún curioso que pasaba. Foto recuerdo que nos sacó la hermana de Etienne y foto que le hice yo a un triciclo de carga en miniatura que tienen como reclamo decoración a la puerta de la tienda. Etienne insistía en que “funciona y todo eh”. Seguro que funcionaría. Melissa antes de despedirnos me enseñó el atelier. Qué bonito, un paraíso para los que nos gusta el arte y la historia. Intercambio de direcciones de correo electrónico y despedida.
Salgo de Bazas y tomo dirección Cazats por una carreterilla muy tranquila por la que apenas pasan algunos coches. Aquí ya no hay plantaciones de pinos, la silvicultura acabó justo al otro lado de Bazas, aquí ya son cultivos extensivos de girasoles especialmente, algunas viñas y pasto con unas vacas lustrosas.
Me encuentro con una señal del Camino de Santiago, aún luce un poquito el sol y me paro a sacarle una foto a la señal. Durante unos segundos pasan por mi mente gratos recuerdos siguiendo esta misma señal y más gratos aún de cuando di con la última.
Para no variar, el sol no duró nada y una marquesina de parada de bus me sirvió de refugio y comedor, porque ambas lluvia y hambre me acuciaron con fuerza al mismo tiempo. Comí algunos bollitos que me quedaban del día anterior, un par de barritas de cereales con ciruela, unas caladitas a la pipa y el tiempo no mejoro mucho… bajo una fina llovizna a la que ya vengo acostumbrado retomo el camino.
13:08 Llego a Castets en Dorthe, por fin, ya estoy en el Canal del Garona, El Canal des Deux Mers, según reza en el mapita que tengo de las pistas ciclables de Aquitania. Me tomo un café con leche en el Cercle La Concorde un bar situado en un antiguo casino y cuya decoración interior es inenarrable: instrumentos musicales, un bombo como mesita, en el techo infinidad de lámparas de todo tiempo y estilo, las paredes repletas de todo. El café con leche, dos cuarenta. Me siento a la puerta a tomármelo en unas sillas de plástico que había situadas sobre la acera (bastante alta por cierto), apenas pasa nadie por la calle. En frente la iglesia y unos nubarrones muy negros que no me gustan un pelo.
Me doy una vueltecilla rápida por la ciudad, francamente pequeña como la mayoría de las que he pasado, no me paro más, amenaza tormenta y bajo la empinada cuesta de acceso a la villa, justo donde está el inicio del canal, procuro hacer alguna foto que inmortalice el inicio de esta maravilla de la ingeniería. Pero son pocas fotos y apresuradas, la lluvia cada vez es menos intermitente y para mi gusto excesivamente impertinente.
El tiempo respeta algo, vaya al menos no diluvia y llego a las 14:08 a la Base de loisirs de Fontet. Tiene amplias instalaciones y muchos barcos, pero no hay un alma. Solo dos marineros sin clientes y una chica francesa que me sirve un croque Monsieur y una cerveza Kronenbourg, vaya la más abundante por aquí. Aún no he visto navegar ningún barco ni el funcionamiento de ninguna de las tres esclusas por las que he pasado.
El tiempo no acompaña es verdad, pero la pista está muy bien pavimentada y se rueda de maravilla sobre ella.
Me acerco hasta Le Mas d’Angenais, tiene una dura y empinada cuesta para entrar a la ville, pero merece la pena, con una iglesia tranquila y un cuadro de Rembrandt que para mi disgusto, no está en la iglesia porque está en una exposición en el Louvre.
Me cuesta mucho localizar la oficina de turismo a pesar de que en todo momento la tuve delante de mis narices y es que en Le Mas d’Angenais no se la conoce por tal sino por “Syndicat d’Initiative”. Por fín y una vez más por pura intuición y viendo en el escaparate algunos folletos turísticos entro en esta bonita oficina donde, efectivamente se hacvía las veces de Oficina de Promoción y Turismo de la zona. Me atiende con suma paciencia por mi desastroso chapurreo del francés una amabilísima señorita. Me informa que allí mismo hay un camping municipal muy chiquitito pero que está muy bien, (es en realidad una parte del parque de la muralla, no hay puertas, no hay barreras pero si hay mucha tranquilidad, solo dos caravanas, baño y ducha limpios). Esta misma señorita me dará mi primer mapa del Canal del Garona dado que se me olvidó pedirlo en la Oficina de Turismo de Bazas.
El camping ciertamente está en la misma ciudad, en una esquina del parque con un trozo de muralla desde el que se divisa una perpectiva preciosa del canal y del río atravesados por un esbelto puente. Monto la tienda, hago colada de varios días y me vengo a la plaza que tiene un cubierto de madera muy chulo, mato un poco el rato haciéndole algunas fotos a los viejos maderos y a las macetas que de ellos cuelgan antes de cenar.
La cena la hago en el único bar de la plaza, justo el mismo donde tomé la coca-cola nada más subir la cuesta. Atiende un francés que chapurrea divinamente el español, simpático y servicial que me prepara una pizza cuatro estaciones de campeonato, que todo sea dicho de paso no tardo nada en devorar.
Mientras esperaba para la cena pasó una pareja de ciclistas de alforjas, resultaron ser de Vizcaya, veo que buscan alojamiento y les indico mi maravilloso descubrimiento del camping municipal y allá que se van. Luego nos vemos en el mismo bar cenando y en el camping antes de acostarnos estuvimos un rato de charreta, sin duda ellos son viajeros más experimentados que yo. No conocían el foro de Rodadas.net, les digo que es un lugar ideal para quedarse cibernéticamente hablando, se lo apuntan y me quedo con la esperanza de haber conseguido dos compañeros para el foro.
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